Muy pocos, casi nadie saben el apellido del Agus Di Benedetto, porque todo el mundo desde siempre lo llamaba asÃ, Agus. Bien, el Agus era camionero y, como buen camionero, mecánico de su camión.
Desde Mendoza trasladaba vino en tanques; lentÃsimos viajes que duraban las horas de un dÃa entero y de medio más.
A esa monotonÃa de las rutas, especialmente cuando lo invadÃa el sopor de la siesta o el temible sueño de ciertas horas de la madrugada, el Agus la afrontaba relatando dramáticos partidos de fútbol. Estaba equipado para eso: sobre la visera de su camión tenÃa un micrófono, se lo habÃa fabricado a partir de un colador en desuso. Para sus transmisiones habÃa armado su propio campeonato, su fixture.
Las alternativas de ese campeonato digitadas por él no coincidÃan para nada con las del campeonato real. En cierta forma el Agus era el Azar, es decir, el Dios de esos torneos. El equipo de sus amores, San Lorenzo, siempre estaba prendido entre los punteros y ganaba por lo menos dos campeonatos de cada tres. Los ganaba heroicamente, remontando resultados de manera increible.
Una de las finales, precisamente contra Huracán, San Lorenzo dio vuelta un 4 a 0 del primer tiempo. Cuando faltaban diez minutos todavÃa iba perdiendo 4 a 2. El 5 a 4 se concretó con dos goles en el tiempo de alargue. Todo es posible en el fútbol y más si el dios que lo digita es el mismo.
Un dÃa de marzo, estaba trasmitiendo el segundo tiempo de un partido entre Vélez y su San Lorenzo. Una mancha de aceite que no alcanzó a ver y se fue en una curva. Su camión quedó con las ruedas mirando el cielo estrellado. La inmensidad del pasto fue redimida por el emocionante olor vino derramado. A la media hora llegó la ambulancia. Agus todavÃa respiraba, pero estaba bañado en sangre e inconsciente. Ya en la ambulancia le aplicaron oxÃgeno, abrió apenas los ojos y al ver la mascarilla la consideró micrófono y sin más dijo: "Y el partido se suspende a los 27 minutos del segundo tiempo". Cerró sus ojos.
PodrÃa ser más conmovedor y trágico el final de este relato si contáramos que las últimas palabras fueron ésas: "Y el partido se suspende a los 27 minutos del segundo tiempo". Pero no fue asÃ. Una conmoción cerebral pasajera, seis puntos de sutura en la frente, un par de semanas de descanso y todo quedó nada más que un susto, cosas que pasan en el camino. Volvió a la ruta de siempre con su lenta carga de vino imprescindible. En su primer viaje después de haber nacido de nuevo, al llegar a la misma curva del vuelco, ahà en Rufino, bajó la visera, descolgó el micrófono y dijo:" Y el partido se reanuda a los 27 minutos del segundo tiempo"......
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13 12, 2009
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