Nuestro amigo Julio Faraoni nos envÃa unas lÃneas que acaba de escribir para sus hijos y nietos sobre sus dÃas en Saladillo y sus primeros pasos por la vida.
Desde la estación del ferrocarril hacia el sur y costeando prácticamente las vÃas, corre la calle Leandro N. Alem, y va cortando las calles 12 de Octubre, Dr. Taborda, Av. Cabral, JoaquÃn V. González, MartÃn Fierro.En la esquina de Alem y Cabral, funcionaba un almacén cuyo propietario era don José Manzolido, que atendÃa con su esposa, dos muy buenas personas de edad y sin hijos. Mi padre, Sebastián Faraoni, les alquilaba un dormitorio construido detrás del comercio, desde que se habÃan casado con mi madre, Elvira Irma Cotignola, porque le quedaba cerca el lugar de trabajo, por aquel entonces la panaderÃa "Del Cañon", a escasamente una cuadra, en la esquina de Alem y Taborda.
En ese dormitorio alquilado, detrás del almacén, nació mi hermano Carlos en 1936, y el 22 de setiembre de 1938, quien escribe esta nota, Julio Jorge Faraoni, hoy en dÃa afincado en Florencio Varela, desde el año 1943.
Sólo cinco años vivà en Saladillo, pero mi mente está llena de gratos recuerdos; por supuesto los recuerdos que quedaron en un niño de muy corta edad, pero que nunca olvidó al pueblo que lo vio nacer y el barrio donde transitó los primeros años de su vida.
Los propietarios de la panaderÃa donde trabajaba mi padre, eran una familia de apellido Lenci; doña Graciana, la dueña, siempre que mi padre me llevaba, me ofrecÃa un pan de leche, y él todas las noches nos traÃa bizcochitos de grasa. También supo trabajar en la panaderÃa de Tomas, otro comercio del mismo barrio.
Por Alem, pegado al almacén de Manzolido, habÃa una vieja casa con frente y paredón de ladrillos sin revocar, allà vivÃa mi abuelo don Benito Cotignola, y su esposa, mi abuela Rosa La Regina, después que vendieron la chacra para acercarse al centro del pueblo por la necesidad, al ser personas mayores, de mejor atención para su quebrantada salud: A continuación existÃa un baldÃo y luego una pequeña pero coqueta casita, que mi padre hizo construir entre los años 39 y 40: nuestra casa, mi casa, la casa donde vivimos hasta el dÃa que nos mudamos. El abuelo Benito Cotignola fue el primer chacarero propietario de una cosechadora a motor en Saladillo y distritos linderos. Â
Casi enfrente de nuestra casa vivÃa la tradicional familia De Iraola; Valerio fue el padrino de mi hermano, y Julio De Iraola, el mÃo; sé que Valerio llegó a ser Intendente de Saladillo, entre los años 1963 y 1966. En la misma vereda, hacia el sur, estaba la carnicerÃa de Pepe Dalto, esposo de mi tÃa Isabel Cotignola, y tÃo del querido y bien recordado Tito Ferrari, artista muy reconocido de esa ciudad.
Enfrente de Manzolido habÃa un comercio de ramos generales que le decÃan "Del Campo"; y haciendo cruz el bar de Nani; hacia las vÃas, sobre Cabral, la peluquerÃa de Paulino; para el otro lado, hacia la calle Almafuerte, la peluquerÃa de Machado, y al lado el taller mecánico de los Grecco; allà me llevaba mi padre para que jugara con los mellizos, que eran de mi edad.
Me acuerdo claramente del "viejo Astudillo", un pobre indigente que vivÃa en una tapera, unas cuadras más abajo; de Rosita Marchioni, una desquiciada, humilde pero buena, que vivÃa en un baldÃo de Almafuerte y J. V. Gozález; del tÃo de mi padre don Francisco Chiampichini, que pasaba con su auto por nuestra arenosa calle y se paraba a conversar; de sus hijos y de su campo donde se producÃan orejones de peras y duraznos, y los tÃpicos jamones caseros; de mi tÃo Eugenio Cotignola y su chacra en 25 de Mayo, con el criadero de ovejas para la producción de lana; de mi tÃo MartÃn Cotignola, que arrendaba un campo en Sojo, al que Ãbamos los domingos a visitarlos, y tomábamos leche recién ordeñada por la tÃa Julia, y comÃamos sandÃa fresca de la quinta, sentados en la gramilla debajo de los álamos; de mi tÃo Nicolás Cotignola, que vivÃa en la calle Alem, con su esposa Josefa Failace, mis padrinos de bautismo; de mis primas Pocha y Humilda, y su padre, mi tÃo Pancho Cotignola, que tenÃa su casa en Almafuerte, cerca de la esquina con Av. Cabral; de mi tÃa Dominga, que también vivÃa sobre Alem, con el esposo, un hermano de Pepe Dalto.
Recuerdo la fonda de Foresi, que era cuñado de mi abuela Rosa Bellesi, esposa de mi abuelo Severino Faraoni, y de Pocho Bellesi, primo y compinche de mi padre; esta fonda estaba frente a la panaderÃa "Del Cañón", Alem y Taborda, y hoy creo que es uno de los hoteles más importantes de la ciudad: el "Hotel Bellesi", donde sus actuales dueños aún siguen siendo parientes mÃos, aunque por el tiempo y la distancia ni siquiera nos conocemos.Â
Mi abuelo Severino Faraoni habÃa vivido con mi abuela y sus seis hijos en una casa que estaba a media cuadra de la calle detrás de la estación; recuerdo su cultivada quinta, donde no faltaban las hortalizas, verduras, y árboles frutales, como guindos, cerezos y durazneros. Para el año 40 o 41, todos menos mi padre, habÃan emigrado a la Capital Federal. En 1943 nosotros nos mudamos a Florencio Varela. Treinta kilómetros al sur de esa gran ciudad.      Â
También recuerdo haber estado en el Corso, por Av. Belgrano, que siempre terminaba con gran despliegue de fuegos artificiales y coheterÃa alrededor de la plaza; recuerdo el cine pegado a la iglesia, donde vi por primera vez una pelÃcula de Tarzán; de la casa de la familia Dezeo, muy cerca de allÃ, parientes de mi tÃa Juana Cotignola, casada con Domingo Dezeo; de la farmacia de Armendariz, cuyo propietario y el hermano, el Dr. Alejandro Armendariz, eran primos de mi madre; de la arbolada entrada del cementerio y los nichos donde ya, al mudarnos, reposaban los restos mortales de mis abuelos maternos…
Cientos de recuerdos, fijados en muy corto tiempo, pero que aún perduran en mi mente para que siga amando a esta maravillosa ciudad… que me vio nacer, hace más de setenta años.
Julio Jorge Faraoni
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01 02, 2010
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