Hoy me levanté con ganas de escribir unos versos... tomé un lápiz... y un papel... y me salió... ¡esto!
Cada vez que me veo arrogante,
iracundo, rebelde, soberbio...
voy al camposanto y pensativo...
muy callado, silencioso... rezo.
Una fuerza como un vendaval
con gravidez se cala en mi pecho,
y me limpia blanqueándome el alma
de estos males que son mi tormento.
Â
Mi figura parece una sombra
que deambula sobre los senderos
del lugar que seguro algún dÃa
será albergue de mis pobres huesos.
Entre lápidas, flores y cruces
y el vibrante gemido del viento
se quedan arañando enredados
mis delirios, entre altivos fresnos.
Entonces me pregunto después
de la calma que me da este encuentro:
¿de qué me sirve ser arrogante,
iracundo, rebelde, soberbio...?
JULIO JORGE FARAONI
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